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Marbot, Lisettey el águila del 14º en Eylau
Escrito por Recopilación de Fernando Boan de Memoires du General Baron de Marbot   
Viernes, 29 de Enero de 2010 20:38

 

Marbot y el águila del 14 en Eylau

 

Uno de los episodios mas curiosos de la batalla de Eylau, lo protagonizaron  Marcellin de Marbot y su yegua Lisette. La narración está extraída de sus memorias, por lo cual es en primera persona.


En el otoño de 1805 era Ayudante de Campo del mariscal Augereau y tenia una yegua que se llamaba Lisette, la había comprado a un comerciante alemán y era de apariencia dulce, muy veloz y bien domada, pero tenía un gran defecto, mordía como un perro y atacaba a todos los que no le caían bien , fue por eso a lo que accedieron a vendérmela a buen precio, aunque sin decirme nada de su carácter, la misma tarde ya atacó a un palafrenero dejándolo malherido, para ensillarla hacían falta cuatro o cinco hombres y  para ponerle las bridas había que taparle los ojos, pero cuando la montaba se convertía en un animal incomparable.


Como ya había mordido a varias personas, le advertí a mi ordenanza, François Woirland  que la tratara con sumo cuidado, éste habituado a los caballos cogió una pierna de cordero y la puso al fuego, cuando estuvo bien caliente se acercó al animal y cuando le fue a morder le puso la pierna en la boca quemándosela, dio un fuerte relincho y la soltó, a partir de entonces nunca le volvió a intentar hacer nada, convirtiéndose en un animal muy dócil para los dos, pero desgraciado el que se acercara sin conocerla, como ejemplo contaré que cuando el mariscal Augereau estaba cerca de Berlín, los intendentes del Estado Mayor notaron que les estaban robando sacos de avena de las cuadras, para atrapar al ladrón mi ordenanza dejó a Lisette suelta cerca de las puertas, cuando llegó el sujeto y cogió un saco la yegua lo agarró por la nuca y lo sacó al medio del patio, donde lo pateó rompiéndole dos costillas, no lo soltó hasta que llegué avisado por los gritos del pobre hombre.


Este era el caballo que montaba en Eylau.


El día de la batalla el Cuerpo de Ejercito de Augereau estaba tratando de reorganizarse cerca del cementerio, sólo quedaba delante ocupando una colina por orden personal del Emperador el 14º Rgto. de Infantería de Línea. Cuando cesó de nevar nos percatamos que el regimiento estaba totalmente cercado por los rusos, el Emperador ordenó a Augereau que enviara a un oficial a comunicarles que abandonaran la colina y formando un cuadro se acercaran a nosotros y les apoyaría con una brigada de caballería. Esto era prácticamente imposible de realizar, entre nosotros y el 14º había una fuerza considerable de cosacos y era evidente que el oficial encargado de llevar las órdenes estaría muerto o prisionero antes de llegar a su destino, pero una orden directa del Emperador había que cumplirla.


Era norma en el Ejército Imperial que los ayudantes de campo estuvieran en fila cerca de su general, cuando se daba una orden el primero salía cumplirla y cuando volvía se ponía al final, con este sistema se conseguía que todos corrieran los mismos riesgos. Un capitán de Ingenieros llamado Frissard fue el encargado de llevar la orden al 14º, partió al galope y le seguimos con la mirada hasta que desapareció en medio de una nube de cosacos, nunca supimos nada más de él, el siguiente llamado Daniel corrió la misma suerte, es posible que fueran muertos y desnudados, como era costumbre, se confundieran con los cadáveres que cubrían el suelo, por tercera vez Augereau gritó “l’Officier à marcher!”, era mi turno al verme, yo que era el hijo de su antiguo compañero y su Ayudante preferido se le llenaron los ojos de lágrimas porque sabia que me enviaba a una muerte cierta, pero había que obedecer y yo no podía dejar marchar a otro compañero en mi lugar. Monté en Lisette y pensé que si me detenía a defenderme del enemigo, seria superado por su número, por lo que dejé el sable en su vaina y me preparé para actuar como si estuviera en una carrera de caballos, llegar a mi destino lo más rápidamente posible sin preocuparme de lo que hubiera a mi alrededor, mi meta era el montículo donde estaba el 14º de Línea y tenia que alcanzarla sin pensar en los cosacos. Lisette salió al galope, mas ligera que una golondrina volaba por el campo saltando cadáveres de hombres y caballos, los primeros cosacos que me vieron, sorprendidos, hicieron como los cazadores cuando ven una liebre avisándose de mi presencia “hacia ti va, hacia ti” de uno a otro. Ninguno intentó detenerme, posiblemente por la velocidad que llevaba y porque pensarían que me pararía el siguiente, así llegué a la posición sin daño ni yo ni mi montura.


Encontré al 14º formado en cuadro en lo alto de la colina, como era una pendiente muy suave habían recibido varias cargas de la caballería rusa y estaban rodeados de un circulo de cadáveres de caballos y dragones rusos que a su vez formaban un parapeto haciendo la posición inaccesible a más ataques de caballería , incluso con la ayuda de los defensores, me costó mucho pasara a través de esa masa ensangrentada pero ¡al fin estaba dentro del cuadro! .


Como el coronel Savary había muerto, dirigía el 14º un Jefe de Batallón, en medio de una lluvia de balas me dirigí a él para transmitirle la orden de abandonar la posición y unirse al cuerpo de ejército, pero me hizo observar que después de estar recibiendo el fuego de la artillería enemiga más de una hora sus efectivos habían disminuido mucho y el puñado de hombres que le quedaba seria exterminado si bajaban a la llanura, además de que no había tiempo de preparar la maniobra porque una columna de infantería rusa se acercaba y estaba a menos de cien pasos de nosotros.


Entonces me dijo “ yo no veo ningún medio de salvar al regimiento, volved con el Emperador y le dais la despedida del 14º Regimiento de Infantería de Línea que ha ejecutado su órdenes fielmente y llevaos el águila que nos dio, porque no podemos defenderla más, sería aún mas triste para nosotros antes de morir verla caer en manos del enemigo”, me dio el oficial el águila y los soldados que quedaban saludaron por última vez con los gritos de “Vive l’Empereur” antes de morir por él.


Las águilas de infantería son muy pesadas y su peso lo incrementa más el mástil de roble donde van fijadas además de su longitud, que la hace muy incómoda para llevarla a caballo por lo que decidí cortarla y llevarme sólo el águila y la bandera, ya que el mástil sin ella no puede considerarse un trofeo por parte del enemigo, cuando la estaba separando una bala dio en la parte de atrás de mi sombrero rozándome la cabeza, al llevarlo atado al mentón por el barboquejo aumentó su resistencia dejándome atontado del tirón y sangrando por nariz y oídos pero sin perder el conocimiento. Mientras la columna rusa acababa de abordar el montículo, los granaderos con sus gorros guarnecidos de metal y forma de mitra se lanzaron sobre los restos del 14º, algunos soldados para protegerse mejor se agruparon junto a mi caballo, que contrariamente a sus costumbres estaba impasible, mi posición era muy complicada, puesto que además de estar combatiendo alrededor mío con el riesgo de sufrir un bayonetazo, un oficial, tomándome por el jefe de los franceses al ir montado, intentaba alcanzarme con su sable a la vez que ordenaba a sus soldados que me dispararan y las balas empezaron a silbar en mis oídos, en estas uno de los soldados que estaban adosados al lado izquierdo de mi caballo fue herido y cayó debajo de éste, al intentar levantarse me agarró por una pierna haciendo tropezar a un granadero ruso que le atacaba con la bayoneta, enredándose ésta en mi capote y al caer clavándosela en la grupa de Lisette, el dolor le hizo recuperar su genio habitual y de un mordisco le arrancó la nariz, labios mejillas y la piel de la cara al granadero dejándole una cabeza de muerto viviente toda ensangrentada y se lanzó hacia delante mordiendo todo lo que encontraba, el oficial que me estaba intentando golpear quiso detenerla por la brida pero el caballo le mordió en el vientre y se lo llevó en volandas hasta que llegamos al llano donde lo dejó con el vientre abierto y comenzó a patearlo quedando moribundo sobre la nieve. Enfiló a galope tendido el camino por el que habíamos venido hacia el cementerio de Eylau, pero cuando estábamos cerca nos encontramos con un batallón de la Vieja Guardia que tomándome por un oficial enemigo dirigiendo una carga abrió fuego contra mi, las balas atravesaron el capote y algunas se clavaron en la silla pero no fuimos heridos, hasta que Lisette agotada por el esfuerzo y la cantidad de sangre que había perdido cayó arrastrándome en su caída y perdí el conocimiento, no me desperté a pesar que los noventa escuadrones de Murat pasaron junto o por encima mío en su carga. Cuando volví en mí estaba desnudo y un soldado intentaba sacarme la bota derecha, me habían tomado por muerto y como era habitual desnudado, tuve la suerte de que me reconoció un asistente de Augereau y me llevaron a curarme a Landsberg, antes de que me recogieran vi a Liesette que estaba cerca de mi de pie comiendo tranquilamente la paja que habían utilizado los soldados para sus “bivouacs”, avisé a mi asistente que la vendó con un trozo de capote de un soldado muerto y pasó el invierno en los establos de M. de Launay.


Nota: Del águila Marbot no vuelve a hablar más, yo no he encontrado que conste como perdida ni como trofeo ruso, por lo que deduzco que la salvó como se cuenta.

Bibliografía:  Memoires du General Baron de Marbot.  Tomo I

 

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Última actualización el Domingo, 28 de Febrero de 2010 02:31
 

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