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La coronación de Napoleón Bonaparte
Escrito por F.J.Giganto   
Sábado, 22 de Agosto de 2009 10:20
Coronación de Napoleón


Maniobras previas a la coronación

La ceremonia de la coronación.

LAS MANIOBRAS PREVIAS A LA CORONACION DE NAPOLEON


Napoleón Bonaparte, daba mucha importancia a la ceremonia de su coronación, creía que esto contribuiría a realzarle mucho a los ojos de los franceses, reinando con un título diferente al de los predecesores monarcas franceses, quiso también distinguirse de ellos en cuanto a la ceremonia, dándole el carácter de una novedad desconocida en Francia. A primera vista puede parecer extraño que el pueblo francés tras la revolución aceptase de buen grado un nuevo monarca pero cabe señalar algunos aspectos, por un lado mucha gente estaba cansada de la inestabilidad política y el caos revolucionario, por otra parte los sectores conservadores aceptaban de mejor grado una monarquía aunque esta fuese de color diferente que la republica revolucionaria, y por otra parte para un pueblo absolutamente contaminado por la historia clásica, se consumaba el recorrido de monarquía, para dar paso a la republica y terminar en imperio a imagen y semejanza del recorrido institucional hecho por la Roma clásica.


Otra de las razones para transformar el consulado vitalicio en un imperio francés hereditario, fue la sugerencia de Fouché de que una vez que hubiese un heredero, ya no habría razones para ningún atentado contra su vida ya que habíra un heredero para dar continuidad al régimen.. Desde que se hiciese cónsul vitalicio napoleón había sufrido varios atentados y conspiracione como el perpetrado como los acaecidos recientemente y sobre todo el último en el que estaban implicados personajes de tanto peso como los generales  Jean Moreau y Jean Pichegru.

Volviendo al tema de la coronación de Napoleón, otra de las ideas de Bonaparte para dar boato a la celebración fue la de hacer venir al Papa a Paris. Después de largas y minuciosas conferencias e intercambio de misivas entre el Vaticano y París, el viaje del Pontífice quedó aprobado y se llevó a ejecución por gratitud a lo pasado y esperanza en el porvenir..


Napoleón se trasladó a Fontainebleau para recibir al Pontífice; la entrevista tuvo lugar en un lugar designado del bosque, después de las acostumbradas demostraciones de respeto y cordialidad entre ambos líderes, el Pontífice y Napoleón montaron en una misma carroza y fueron conducidos hasta palacio.


La comitiva era  encabezada por los mamelucos, después de algunos momentos de reposo principiaron las presentaciones. La ceremonia se designó finalmente para el 4 de diciembre de 1804.


Hacía ya mucho tiempo que la cuestión de la coronación de Napoleón Bonaparte, era objeto de largos debates, por de pronto se había pensado en fijar la época de la ceremonia para el 15 de agosto en el Campo de Marte; pero este plan no correspondía con el pensamiento secreto de Napoleón de ser consagrado por el Papa, y por consiguiente lo hizo fracasar intencionadamente, aduciendo la dependencia del tiempo atmosférico y otros inconvenientes, proponiendo el 18 brumaire. Este fue el día adoptado y sitio designado la iglesia de los Invalidos (decreto del 21 messidor), pero esta concesión hecha al espíritu político y militar tampoco tuvo efecto, y cuando el Pontífice accedió a los deseos del Emperador quedaron definitivamente fijados el lugar y la fecha, el primero en la Catedral, y la segunda para el 11 frimaire.


A pesar del afecto de Napoleón a los parisinos, éste llegó a pensar otra ciudad para la ceremonia a causa de la actitud contraria en gran parte de París  al proceso de Moroau y del duque de Enghien emparentado con los borbones.


No ignoraba que se pronunciaban discursos en contra de su persona y de su régimen, no solo en los sitios públicos, sino hasta en las reuniones particulares, y también sabia que algunas personas que pasaban por ser afines a su persona, guardaban un infame silencio ó se unían a sus detractores.

LA CEREMONIA DE CORONACION


Aunque la cuestión de la coronación de Napoleón había sido ya muy discutida, nada se había decidido en firme  acerca de ella, pues al anunciar el Papa en un consistorio secreto su marcha a París, se había valido de estas palabras: »Se cupcre sacra unctione per fundí et imperta- lern coronan л soins accipere.» Mas cuando finalmente fue precisó arreglar el ceremonial, el futuro emperador se desentendió altamente de las pretensiones del Pontífice ; no hubo, pues, sorpresa ninguna en el momento de la ceremonia como generalmente se cree por haberlo dicho varios escritores superficiales Tampoco se mostró el
El Pontífice no fue en ningún momento exigente con los pormenores de la ceremonia y se contentó con que se le asegurara que Josefina era la esposa “legitima”, para asociarla a la ceremonia de la coronación papal. Acerca de esto inventaron mil sutilezas para explicar la palabra legitima sin poderse entender. Josefina no había sido realmente nunca esposa legitima de Napoleón  los ojos de la Iglesia o al menos al entender eclesiástico, porque sólo estaban unidos por matrimonio civil. Parece seguro que la noche anterior se celebró una  boda religiosa para solventar el asunto.


El cañón anunció al amanecer del domingo 11 frimaire (2 de diciembre) la solemnidad de la coronación, y no cesó de hacer disparos en todo el día. Las diputaciones, cuerpos, autoridades, diplomacia, el Pontífice y su comitiva se fueron sucesivamente trasladando a la Catedral en las horas que les habían sido indicadas. A las diez salió el Emperador de  Tullerías en una carroza de ocho caballos con la Emperatriz y los príncipes José y Luis, precedido y seguido de otros veintitrés carruajes de seis caballos, ocupados por los dignatarios, grandes oficiales, ministros y empleados de la servidumbre imperial; un numeroso estado mayor, la guardia y otros cuerpos de preferencia formaban la escolta. El Emperador y la Emperatriz descendieron en el palacio del arzobispo, y el primero se vistió el traje de ceremonia. Revestido de los ornamentos imperiales, llevando en sus manos el cetro y en su frente la corona, se dirigió con la Emperatriz al pórtico del templo, en este transito cinco mariscales y un  general llevaban la corona, el cetro, la espada de Carlomagno, el collar, el anillo del Emperador y el globo imperial.


A la entrada del templo los cardenales, arzobispos y obispos franceses recibieron a la pareja imperial, ofreciéndoles el agua bendita y les cumplimentaron y condujeron bajo un palio llevado por canónigos basta sus asientos en el santuario. En el instante que el Emperador y la Emperatriz entraron en el coro, el Pontífice descendió de su trono, se dirigió al altar y entonó el Vent Creator. Terminado el himno religioso, el Papa exigió de Bonaparte la profesión de ir, según aquellas palabras Pronteritne. etc. , él respondió poniendo la mano sobre los Evangelios: Profiteer. El Emperador y la Emperatriz se arrodillaron al pie del altar; el Pontífice los ungió, dando en seguida principio a la misa. Al llegar al gradual el Papa bendijo las coronas del Emperador y Emperatriz, la espada, los mantos y los anillos. Napoleón y Josefina volvieron a continuación al pie del altar. Bonaparte cogió con sus propias manos la corona y la colocó en sus sienes y en seguida coronó a Josefina, poniéndose ésta de rodillas.


Durante más de mil años el Papa había tenido la potestad de ceñir la corona a los emperadores y ahora napoleón había interrumpido esa tradición en un claro símbolo de la falta de sumisión del poder público al poder religioso. Este detalle fue obviado por los periódicos del día siguiente.


El Pontífice se levantó, de su asiento y asistido de los cardenales condujo al Emperador y Emperatriz al gran trono elevado en el fondo del templo. El Papa recitó la oración In hoc imperil solio, etc., besó al Emperador en la mejilla y volviéndose hacia los concurrentes dijo; Vivat Imperator in œternum! y el público contestó: Vive l'Empereur et l' Emperatrice: el Pontífice fue conducido a su trono y prosiguió la misa. El gran capellán de honor dio a besar el Evangelio a Napoleón y a Josefina. Estos se dirigieron al altar, tomaron las ofrendas compuestas de dos cirios en cada uno de los cuales había trece monedas de oro incrustadas, un pan de plata y otro de oro y las presentaron al Papa, volviendo en seguida a sentarse en el trono pequeño.


Al tiempo de la elevación el Gran Elector quitó la corona de la cabeza de Napoleón Bonaparte, y la primera dama de honor la de la Emperatriz. Al Agnus Dei, el gran capellán de honor recibió el ósculo de paz del pontífice cum instrumento pads, y lo llevó a Napoleón y a Josefina; y a continuación, los dos regresaron al gran trono. Concluida la misa, el capellán de honor llevó al Emperador el libro de los Evangelios. El presidente del Senado, acompañado de los del Cuerpo legislativo y Tribunado, le presentó la fórmula del juramento constitucional. El Emperador sentado, puesta la corona y tocando con la diestra el libro de los Santos Evangelios, lo pronunció. El primer rey de armas dijo en seguida en voz alta y firme; El muy glorioso y muy augusto emperador Napoleón, emperador de los franceses, esta ya coronado y entronizad. Los concurrentes gritaron: ¡Víwa el Emperador! y algunos añadieron: ¡ Y  la Emperatriz! Una gran descarga de artillería anunció este suceso al pueblo. El Papa entonó el Te-Dcum; los consortes imperiales regresaron al palacio arzobispal, y de allí juntamente con el pontífice se dirigieron alas Tullerías en el mismo orden en el que habían venido flanqueados por antorchas a causa de que la luz del sol empezaba ya a escasear.


M. de Beausset nos dice en sus Memorias que en las Tullerías se había hecho un ensayo de toda la ceremonia en la galería de Diana, y los demás que con el mismo objeto se hicieron, se verificaron en una mesa grande en un salón del Emperador por medio de un plano del Templo hecho por Isabey y figuritas de madera representando todos los trajes y personas hasta el del pontífice y Emperador. Recodordemos este detalle en al película de Austerlitz de Abel Gance.


En el exterior del templo, el aspecto de la verdadera población es decir, de los que no pertenecían al circulo oficial, era grave, y lo fue también en los días siguientes que se pasaron entre fiestas, revistas, paradas y distribución de águilas a los diversos cuerpos del ejército, y exceptuando el día de la coronación de Napoleón Bonaparte, en ninguno de los demás hizo un tiempo favorable a estas demostraciones públicas.
Última actualización el Lunes, 06 de Septiembre de 2010 16:35
 
 
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