La tumba vacía de Alejandro I
Escrito por F.J. Giganto   
Domingo, 19 de Abril de 2009 11:03

 

Fedor Kuzmich y Alejandro I
A la Izq. Fedor Kuzmich en el que muchos vieron al Zar Alejandro I(Drch.)

LA TUMBA DE ALEJANDRO I VACIA

Cuando por orden del Zar Alejandro II, en 1866 se ordenó abrir la tumba de Alejandro I en San Petesburgo, el Zar que había derrotado a Napoleón Bonaparte se llevaron la sorpresa de que ésta estaba vacía.

Años antes en la zona siberiana de Tomsk había empezado a ser visto un extraño ermitaño de de gran porte con esmerada palabra y educación, con un magnifico aspecto, un metro ochenta y cinco de altura cabello rubio encanecido y ojos azules. En cierta ocasión dicen que al encontrárselo el arzobispo de Irkust,  éste se echó a sus pies y a continuación comenzaron a hablar en una lengua incomprensible por los campesinos que atónitos contemplaban la escena, probablemente francés para no ser entendidos por nadie más. También cuentan que aquel extraño conocía al detalle todos los aspectos de la guerra contra Napoleón y que muchos labriegos que habían servido en el ejército ruso durante aquella época se cuadraban y le saludaban militarmente a su paso. Otra anécdota sobre el extraño sujeto era que se emocionaba en cuanto oía a aquellos veteranas cantar una vieja canción de la guerra en homenaje al zar Alejandro.

 

EL EXTRAÑO HERMITAÑO


Posteriormente los rumores parece que llegaron a altas instancias y que se encargo investigar el pasado del ermitaño. Así averiguaron sin ningún apoyo documental que se hacía llamar Fedor Kuzmich y que no había conocimiento alguno de él previo a que apareciese vagabundeando por aquellas zonas y que tras comprobarse que estaba indocumentado había sido deportado a Tomsk para trabajar primero en una destilería y luego en una mira de oro. Allí empieza a ganarse fama de hombre santo. En otra ocasión un antiguo soldado de vuelta de campaña, cruzándose un día con el hombre santo (al que no conoce) se arrodilla frente a él: reconoció a su amo, el zar Alejandro. Fédor Kuzmich se enoja y calla al soldado: "yo soy sólo un vagabundo", repite varias veces.

En 1858 con su salud ya quebrada por la edad, Fedor acepta la hospitalidad de un comerciante llamado Simon Chromov.  A esta casa acudieron multitud de personas que habían conocido a Alejandro I y quedaban asombradas y aseguraban que estaban ante el anterior Zar, se comenta que acudieron incluso miembros de la familia real, pero hay que decir que Feodor Kuzmich nunca dio pie a consolidar las suposiciones de la gente. A su fallecimiento el comerciante se encargo de costear su sepultura en el monasterio de San Alexis cerca de Tomsk, pero al poco tiempo sus restos fueron trasladados a San Petesburgo y recibidos por dignatarios de la familia real.

Pero… ¿Qué había ocurrido con Alejandro I para dar lugar a esta situación?. El zar siempre fue un hombre dado a la melancolía y en los últimos años había mostrado un gran cansancio de las labores de gobierno dedicándose principalmente a la oración y el retiro, mezclado por viajes por lugares remotos de la amplia Rusía donde entró en  contacto con gentes del pueblo.

A medida que Alejandro I se acercaba a la edad de cincuenta años, edad a la que había pensado retirarse, la expectación en la corte por lo que sucedería con el monarca empezó a crecer. Tambien esta época coincidió con una serie de desgracias en Rusia así como con la muerte de su hija natural Sofía Narichkina a los dieciocho años. El Zar convencido de que sobre él recaía una cólera divina, empezó a conducirse de una forma aún más extraña. A continuación se traslado a Taganrog, a orillas del Mar Negro, a una casa muy apartada, cuyas condiciones se alejaban mucho de los grandes palacios a los que estaba acostumbrado. Lo siguiente que se supo de él es que había muerto en Taganrog a causa de la malaria.

Las circunstancias de la muerte del monarca son discutidas; parece ser que sólo estaban con el aquel día la zarina, su hombre de confianza el príncipe Volkonski y dos médicos de largo servicio en la corte, el escocés Sir James Wylie  y Dmitri Tarassov los cuales no certificaron la defunción. No contó con la asistencia de ningún eclesiástico, algo extremadamente raro en la rusia de aquellos tiempos y más para un hombre tan religioso como el Zar. Pocos pudieron visitar el cadáver en Taganrog, y los pocos que lo vieron no le reconocieron. La zarina que varias veces confesó su deseo de seguir a su marido, murió cinco meses después sin apenas compañía, aunque muchos sospecharon que se había recluido para el resto de su vida en un convento de monjas cercano a su lugar de fallecimiento.

Pero esto no es todo, las exequias por el Zar tardaron más de cinco meses en celebrarse, se justificó, diciendo que el embalsamamiento había requerido mucho tiempo. Parece que este excesivamente laborioso embalsamamiento no era muy necesario, ya que en las ceremonias en San Petesburgo el ataúd permaneció cerrado, en contra de la ancestral tradición rusa, tal es así que el pueblo exigió con tanta vehemencia que fuera exhibido el cuerpo del Zar que hubo que echarle a las tropas para contenerlo. Finalmente se decidió abrirlo para los más íntimos. Su madre afirmó reconocerlo aunque exclamó que había adelgazado atrozmente.

Entonces… ¿Qué pudo pasar con el Zar que había derrotado al mismísimo Napoleón? . Los partidarios de que el Zar no murió en Taganrog afirman que por aquellos días el yate de un diplomático inglés, intimo amigo del Zar, que estaba fondeado allí, zarpó sin que exista documentación sobre que hacía allí el barco ni cual fue su destino posterior. A continuación el yate se habría dirigido a Tierra Santa donde Alejandro habría pasado varios años preparándose, para su posterior peregrinación por Rusía con el nombre de Fedor Kuzmich del que anteriormente hemos contado su historia.


Si todo esto no es suficiente, a lo del sepulcro vacía  añadiremos, que varios miembros de la familia real incluido  su nieto Nicolas II visitaban con gran devoción  la tumba de de Fedor Kuzmich.

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Última actualización el Sábado, 28 de Agosto de 2010 00:59
 
 
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