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Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord nacido en París, 2 de febrero de 1754 - París, 17 de mayo de 1838 Politico francés
Introducción
Talleyrand fue uno de esos hombres que se pegó al poder y no se despegó de él hasta que se murió. Ya desde joven fue subiendo peldaños en la jerarquía eclesiástica para convertirse en obispo de Autun, para después colgar los hábitos y dejarse llevar a la vida placentera de un noble, mezclarse en política y convertirse en un experto diplomático que medio entre Francia y el resto de potencias europeas desde la Revolución Francesa hasta la caída de Napoleón, y fue el responsable de conseguir un menor deshonor en los acuerdos llevados a cabo en el Congreso de Viena.
Una eminencia gris de principios del siglo XIX, que consiguió tener un enorme poder sin tener las responsabilidades de ser el líder de un gobierno sino que su mayor y más cercano consejero.
Primeros años de Talleyrand .
Nacido en el seno de una familia noble muy poderosa y prestigiosa, que afirmaba descender de Adalberto, Conde de Périgord, súbdito de Hugo Capeto en el 990, pero las mayoría de los especialistas no lo confirman, lo que si es innegable es que ya des del siglo XVII la familia Périgord era de la alta nobleza de Francia. Llegó a este mundo el 2 de febrero de 1751 siendo el primogénito, hecho que lo hubiera conllevado a fructífera carrera militar que lo hubiera llevado a conseguir muchos méritos y logros como un noble de la corte, pero para su desgracia –pero posterior alegría- contrajo el síndrome de Marfan, que debilita diversas estructuras del cuerpo, impidiéndole convertirse en militar y quedó relegado a la carrera eclesiástica, perdiendo al mismo tiempo sus derechos de primogenitura.
Esta enfermedad, que le provocó una deformación en la pierna y una posterior cojera, cuyas consecuencias lo marcaron de por vida, ya que sus posteriores comportamientos tuvieron mucho que ver con lo que provoco esa cojera, que también le valió el sobrenombre de Diable Boiteux –“Diablo cojo”-, donde se sumaba su deficiencia física con sus carácter como político astuto. A pesar de este problema fue igualmente educado como un noble con altos y refinados modales propios de su estrato social, la alta nobleza, otorgándole un alto nivel de sofisticación que mantendrá a lo largo de toda su vida que lo caracterizara junto con su cojera.
En el interior de la iglesia, carrera que tomó sin vocación, continuó viviendo como un noble, siempre como un hombre sibarita, libertino y carente de escrúpulos, pero eso no le impidió seguir ascendiendo, ya que su estirpe le empujaba hacia arriba en la jerarquía eclesiástica, de este modo en 1780 ya era agente general del clero y obispo de Autun.
Del clero a la política.
Su primera aparición en la vida pública de la política fue durante la Revolución francesa, en los Estados Generales que convocó Luís XVI Talleyrand fue uno de los representantes eclesiásticos que aceptaron los principios de la Revolución, vinculándose con los defensores de la monarquía constitucional y del liberalismo moderado. A pesar de esta posición moderada frente a los hechos que se vivían en Francia, el mismo 14 de julio de 1789, no se dudó en nombrarlo miembro del Comité de Constitución de la Asamblea Nacional. En septiembre de 1791 firma la Constitución presentada al rey y es autor del artículo VI de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano:
“La ley es la expresión de la voluntad general. […] Debe ser la misma para todos, sea quienes la protegen, sea quienes son castigados por ella […].”
Es tal su importancia durante la Revolución, que celebra la misa que conmemora el primer aniversario de la Toma de la Bastilla, consagrando de este modo una imagen de sí mismo como el “Sacerdote de la Revolución”. A pesar de pertenecer a la iglesia y a la nobleza no dudará en participar en la confiscación de bienes a la iglesia, y en proponer una ley de reparto a partes iguales de las herencias, suprimiendo el derecho de primogenitura.
En 1790, año en la que fue el Presidente de la Asamblea, jura la constitución civil y se separa definitivamente de la iglesia, pasando a dedicarse exclusivamente a su carrera política, además el papa Pío VI lo excomulgó por su actitud frente a la iglesia, proceso que culminó con su completa secularización en 1802. En 1792 su carrera como político y diplomático se dispara, ya que es enviado como embajador a Londres, donde se desempeña de forma notoria, consiguiendo la neutralidad de los ingleses. Evitando el Terror, hasta 1794 está en Inglaterra en diversas misiones diplomáticas, hasta que se firma un decreto de acusación en su contra, después de esto parte a Estados Unidos donde se dedica al comercio y a la prospección inmobiliaria.
Después de la caída de Robespierre y el fin del Terror, Talleyrand regresa a Francia, donde aprovechará la tensa situación política para conseguir un ascenso político definitivo.
Tayllerand y Napoleón.
Después de su regreso fue nombrado por primera vez ministro de Relaciones Exteriores, pudiendo de este modo defender desde una posición aventajada su estilo de política. Fue por ese entonces cuando conoció a joven y ambicioso general, Napoleón Bonaparte, ambos quieren aprovechar el momento para posicionarse en el poder de forma permanente, y Talleyrand ve en el joven Bonaparte el modo para conseguirlo. La ambición sin límites del militar corso es aprovechada por Talleyrand que consigue que hacerse imprescindible para los planes de futuro del militar. Por ello no es de extrañar que Talleyrand se sumará a la conspiración de Napoleón, que desembocaría en el Golpe de Estado del 18 de Brumario.
Después del golpe y gracias al apoyo sin límites que dio Talleyrand a Napoleón, el primero consiguió prevalecer como ministro de exteriores durante la depuración política que realizó Napoleón, además el deseo expansionista del nuevo cónsul significaba un papel esencial para Talleyrand, tanto por sus contactos, como sus habilidades y su linaje eran imprescindibles para Bonaparte.
En 1801 el libertino Talleyrand se casa con Catherine Grand, por deseo del mismo Napoleón que consideraba imprescindible tener una esposa, y en 1803 comprará, a expensas del mismo cónsul, el Castillo de Valençay.
Durante el Primer Imperio francés desempeñó un papel destacado en la pacificación de los territorios conquistados, al igual que lo hiciera durante los primeros años del consulado con los tratados de Luneville, con los austríacos, y de Amiens, con los británicos, y en el control de la persecución de los contrarrevolucionarios, católicos y monárquicos.
Talleyrand, el conspirador.
A pesar del apoyo mostrado durante todo este tiempo hacia Napoleón, Talleyrand no ve con buenos ojos la presión expansionista y agresiva que esta ejerciendo el emperador hacia Austria y Gran Bretaña, a pesar de las recomendaciones del ministro de exteriores que desaconsejaban esas políticas. Finalmente, en 1807 Talleyrand dimite, pero no renunció a sus títulos, e incluso colaboró con este en algunas tareas diplomáticas, como la Conferencia de Erfurt, en la que los monarcas europeos acordaron el nuevo orden político del continente.
A pesar de este distanciamiento no muy lejano, secretamente Talleyrand ya estaba conspirando contra el emperador con Fouché, y realizando un doble juego con el zar Alejandro I durante las reuniones en Erfurt. Ambos eran declarados rivales en la esfera política, y sus numerosas y continuas reuniones hicieron sospechar que tramaban algo en contra el emperador, y Napoleón no dudó en convocar un Juicio Público contra Talleyrand, ya que Fouché consiguió evitar la acusación. El noble no duda en asistir al juicio donde con su habilidad argumentativa y su conocimiento de las leyes acaban de humillar al mismo Napoleón, quien molesto lo insulta ante lo cual Talleyrand respondió:
“Es una lástima que un hombre tan grandioso sea tan mal educado”.
Con esta frase, Talleyrand con su impasibilidad característica logra aplastar públicamente al emperador y se distancia de él de manera definitiva. Cuando los ejércitos aliados derrotaron a Napoleón en 1814, Talleyrand contribuyó a restaurar a los Borbones en el Trono de Francia, formando parte del gobierno provisional, primero como primer ministro, hasta el regreso de Luís XVIII, y luego como ministro de Exteriores.
Durante los 100 días, cuando Napoleón parecía que retomaría el control de Francia, Talleyrand se mantuvo al margen a la espera de ver los resultados de la batalla entre Francia y la Séptima Coalición. Una vez más el mantener las opciones abiertas fue ventajoso para el noble Talleyrand.
Talleyrand, el salvador de Francia.
En 1815, después de la caída y exilio definitivo de Napoleón, el Congreso de Viena diseñó un equilibrio europeo destinado a perdurar, en él Talleyrand fue el representante de Francia, y aprovechando las disensiones entre los antiguos aliados consiguió que la derrota militar de Francia no se tradujera en un castigo diplomático demasiado gravoso. Sin embargo, la animadversión de los ultrarrealistas, que no le perdonaban su compromiso con la Revolución, le apartó de la política. Siguió siendo miembro de la Cámara de los Pares y participó en la oposición liberal contra el absolutismo de Carlos X. Apoyó la Revolución de 1830 que llevó al trono a Luis Felipe de Orléans, colaborando con el nuevo régimen constitucional como embajador en Londres y delegado en la conferencia que debía resolver la situación de Bélgica. Tras fracasar en su intento de extender las fronteras de Francia a costa del nuevo reino belga, se retiró de la política en 1834.
En su “espléndida soledad” de Valençay, escribió sus memorias en las que asegura “nunca haber traicionado a un gobierno que no se hubiera traicionado primero” y nunca poner “los propios intereses en oposición a los de Francia”. En 1837, deja el castillo y consigue reconciliarse con la iglesia antes de su muerte el 17 de mayo de 1838, siendo enterrado en la capilla cercana a su castillo.
Talleyrand, el personaje histórico.
Hoy en día Talleyrand es un personaje controvertido, considerado por muchos uno de los mayores traidores de la historia, que se movió en la política según intereses, y por otros tantos como un idealista que en ningún momento rompió sus convicciones y se mostró fiel a si mismo, y que actuó siempre a favor de los intereses de Francia. Lo que si está claro es que Talleyrand marcó el primer precedente de la diplomacia moderna, participando en la firma de alianzas y tratados, como en la disolución y creación de coaliciones, que le han valido el sobrenombre del “Príncipe de los Diplomáticos”.
Fuentes - Charles Maurice de Talleyrand Périgord (http://www.talleyrand.org) -
Forjadores del Mundo Contemporáneo, Vol. 1 (págs. 135-149) -
Les Amis de Talleyrand (http://www.amis-talleyrand.fr) |