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Medicina de campaña en las Guerras Napoleónicas La medicina de combate durante el periodo napoleónico sufrió un enorme avance sobre todo gracias a las aportaciones del doctor Dominique Jean Larrey, quien fue un autentico pionero en la adopción de medidas para la atención sanitaria de los combatientes. En aquella época la mayoría de las heridas graves terminaban con la amputación como muestra veamos lo que ocurrió en una de las batallas más crueles de todo el periodo napoleónico, Borodino. Aquel día el Dr.Larrey amputó más de 200 extremidades en 24 horas usando genralmente como analgésico para el dolor de sus pacientes, un trago de coñac y un trozo de tela para morder. A continuación empleaba la técnica de los «tres cortes», colocaba una tira de piel sobre la herida y suturaba. Todas las heridas se desinfectaban con un preparado a base de malvavisco y a continuación se vendaban con compresas de vino. La intervención en sí era rápida, en apenas unos minutos el miembro estaba amputado y vendado, a menos que el cirujano tuviera que escarbar en la herida para extraer astillas de hueso o fragmentos de bala. Pero si esto parece atroz, en el caso de los médicos prusianos y rusos no había tantos miramientos como con el gran Larrey; se limitaban a serrar rápidamente el hueso, a continuación se estiraba la piel hasta cubrir la herida, que, como consecuencia de ello, rara vez cicatrizaba adecuadamente.
Las consecuencias de las amputaciones eranen ocasiones terrbles. Algunos heridos morían de conmoción, muchos se desmayaban y otros mostraban un aguante extraordinario, por ajemplo algunos marineros regresaban a la batalla inmediatamente después de que les fuera cubierto el muñón con brea.
La eutanasia era una práctica muy frecuente. Todos los soldados sabían lo que les esperaba cuando caían gravemente heridos, es decir terribles tormentos en la mesa del cirujano en los mejores casos o la amputación de alguno de sus miembros en muchos otros, por eso muchos pedían a sus compañeros o incluso al enemigo que pusieran fin a sus sufrimientos. Los cirujanos militares salvo alguna excepción, eran los menos aventajados del gremio porque su trabajo resultaba peligroso y estaba mal pagado, respecto al de un cirujano que ejerciera su profesión en la vida civil.
El duque de Wellington, comandante de las tropas británicas contra Napoleón, tardó en reconocer la labor de sus cirujanos en los hospitales de campaña y se negó a permitir el uso de ambulancias. Los heridos eran retirados en camilla por los músicos del regimiento o abandonados a su suerte hasta que la batalla llegase a su fin momento en el cual ya no era necesario atender a muchos de ellos a causa de su fallecimiento. Transportados en pesados carromatos, los heridos sentían el crujir de sus huesos rotos con cada bache del terreno.
Entretanto, el ejército Francés como ya hemos dicho la situación era un poco mejor, o en el caso de las ambulancias mucho mejor de nuevo gracias a Larrey , se utilizaban ambulancias ligeras tiradas por caballos y atendidas por equipos médicos in situ. Estas ambulancias, diseñadas por Larrey, tenían colchones de pelo de caballo que se deslizaban sobre unas guías. Las paredes del carro estaban parcialmente acolchadas y tenían unos bolsillos para contener medicinas Los soldados de las guerras napoleónicas fueron más afortunados que sus antecesores. Hasta entonces el soldado raso había sido prescindible. Cuando caía herido, era abandonado a merced de los habitantes del lugar. Al terminar el combate, los saqueadores recorrían el campo de batalla y degollaban sin el menor escrúpulo a los soldados heridos para arrebatarles lo que llevaban en los bolsillos. LAS REFORMAS DE LARREY El doctor Dominique Jean Larrey, Cirujano Mayor del Ejército del Rin francés, que previamente había servido de cirujano en la armada y cuya experiencia le sería muy inventó ya en 1792 la "Ambulancia Volante", pero fue destinado a París y no pudo impulsar la difusión de su sistema de atención sanitaria fundado en una rápida recogida de heridos e intervenciones quirúrgicas inmediatas
 . Tras la campaña de Lombardía , Napoleón cursa petición del traslado al Ministerio de la Guerra de Larrey, y en mayo de este año llega al cuartel general del Ejército de Italia, en Milán, donde el general Villeansky le pide que reorganice la sanidad militar con su diseño de ambulancias y formando al personal sanitario en función de sus teorías y experiencia. Larrey organiza una Legión compuesta de tres divisiones de 113 hombres y 12 ambulancias cada una, de estas 8 son ligeras para transporte y 4 son pesadas, las auténticas Ambulancias. El personal es reorganizado en 4 tipos según su función: cirujanos, médicos, farmacéuticos y ordenanzas, estos últimos sin conocimientos académicos, aunque se les conozca también como enfermeros. Entre los oficiales y los suboficiales de cada división sanitaria figuraba un Cirujano Mayor de 1ª Clase, dos cirujanos de 2ª Clase, 12 cirujanos de 3ª Clase, dos de los cuales eran boticarios; un Teniente supervisor de ambulancias, un Subteniente ayudante del anterior, un Administrador de 1ª Clase y dos de 3ª Clase de ambulancias, un Sargento Mayor de 1ª Clase y dos de 3ª Clase para despejar caminos a las ambulancias, y tres cabos para tareas muy diversas. Los ordenanzas se encargan de trabajos como habilitar espacios, trasladar mobiliarios, equipos, recipientes y mantas, rasgar tejidos para los vendajes, traer agua, ayudar a cargar las ambulancias y vaciarlas en la entrada de hospitales reubicar a los heridos; un mozo se dedica en exclusiva a cuidar del instrumental quirúrgico y otro de guardarropa.
El resto del personal de cada división se destina a la búsqueda de los heridos el campo de batalla, teniendo en ocasiones que poner su vida en riesgo para sacar heridos de las cercanías del enemigo, para su traslado a lugar seguro siempre que fuera posible. Se destacan así 12 soldados a caballo, tres de ellos encargados además de cuidar de las monturas, y 25 soldados a pie tanto para buscar víctimas como para recogerlas.
Las ambulancias ligeras eran carros abiertos de 2 a 4 ruedas tirados por 4 caballos, conducidos por 2 personas y que podían transportar 4 heridos tumbados u 8 sentados. Se utilizaban para el traslado de heridos desde la retaguardia del frente, y en ocasiones incluso desde la primera línea, a los improvisados Hospitales de Campaña. Las ambulancias pesadas eran vagones cerrados de 4 ruedas, tirados por 2 caballos, con amplias ventanas, muy anchos, con dos mesas de operaciones y sendos receptáculos laterales para instrumental, ropas y botiquín. Son atendidas por un cirujano, su ayudante, 3 enfermeros y 2 conductores. Necesitan estabilidad y se mantienen a cierta distancia del frente. Además de la reorganización del sistema sanitario, Larrey impondrá la práctica del diagnóstico selectivo. Los cirujanos ayudantes se encargan, además de colaborar en las operaciones quirúrgicas, de realizar un diagnóstico rápido de los heridos según su estado: graves, leves y moribundos, destinándolos respectivamente a quirófano, hospital o desahucio. Los insuficientes conocimientos sobre asepsia y antisepsia de la época napoleónica harán que el esfuerzo de Larrea no consiguiese los resultados deseables, quien se conformará con tolerar un 50% de muertes entre los heridos, pero al menos la situación era infinitamente mejor que en los otros ejercitos. La mayoría de las defunciones se producían a causa de las infecciones contra las que se practican las antes nombradas amputaciones de extremidades. Las habilidades de Larrea como cirujano y sus conocimientos eran excelentes con respecto a la media de los médicos militares de la época. Larrey era partidario de amputar las extremidades muy dañadas, pero, a ser posible, en las cuartro horas siguientes y no en los diez o veinte días después, que era lo corriente. La amputación temprana resultaba más sencilla, menos dolorosa, se perdía menos sangre y se infectaba menos. Utilizó el procedimiento de Le Dran, que consistía en efectuar la amputación realizando un cono de base externa y vértice interno, con el área de corte a tres niveles (piel, músculo y hueso). Redujo de ese modo la mortalidad que entonces era muy alta. En las heridas de la cabeza recomendaba la realización de trepanaciones si los fragmentos óseos iban más allá de la tabla interna o habían lesionado la duramadre.
En el terreno de la cirugía vascular hizo observaciones interesantes: describió la patogenia de los aneurismas luéticos y los mecanismos de hemostasia espontaneos en las lesiones arteriales. Observó que en la sección completa de un vaso, la hemostasia sucedía rápidamente por la retracción de los muñones y no por la formación de coágulos, cuando la sección era parcial. Notó la formación de circulación colateral en la rodilla en la oclusión o ligadura de la poplítea. Describió también las fístulas arteriovenosas post-traumáticas.
Fue muy hábil en la desarticulación del hombro, operación que en esa época se consideraba muy peligrosa. Es la que se conoce como "amputación de Larrey", método de desarticulación del hombro por una incisión que se extiende desde el acromion a lo largo del brazo en una longitud de 10 centímetros y desde ese punto alrededor del brazo hasta el centro de la axila.
La fama de Larrea sobrepasó las froteras siendo admirado incluso por los enemigos. De hecho en las postrimerías de las guerras napoleónicas, tras la derrota de Waterloo fue hecho prisionero por los prusianos y condenado a morir fusilado. Gracias a la intervención de un médico alemán que le reconoció por haber asistido a sus lecciones y del propio Blucher ya que Jean Lerry había salvado la vida de su hijo en una campaña anterior en Austria donde había sido hecho prisionero y se encontraba herido. Las reformas de Larrey serán la base del sistema sanitario militar francés durante todas las Guerras Napoleónicas y después pasarán a ser el estándar internacional, considerándose uno de los grandes personajes de la historia de la medicina. |