Para quienes quieren llegar más lejos

La ambición crea el combustible interior que ayuda a conducir a la gente hacia sus grandes deseos.

Un verdadero líder es ambicioso, él busca hacer grandes cosas, lograr victorias y en definitiva tener la gloria. Si satanizar a la ambición, podemos descubrir en ella el que toda persona tiene deseos y eso es la ambición, cada vez que nos posee un deseo tenemos ambición. Parece obvio, que un líder sea ambicioso, el poder coloca al líder en una posición muy deseable, ya sea por gloria, dinero o influencia.

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Un líder que no sienta ambición no llevará a la organización más allá de mediocres distancias. Imaginen a un entrenador que no quiera que su entrenado sea el ganador, o que el gerente de la empresa sea un conformista, o que el general del ejército no desee ganar la batalla.

¿Quién intentaría algo diferente para lograr la meta deseada? Y después de llegar a la meta ¿Se conformaría? ¿Qué creen Uds.?

Napoleón Bonaparte tiene algo que enseñarnos en ese sentido, era considerado un hombre ambicioso, orgulloso y aunque todo conspiraba para que sus aspiraciones no pudieran ser cumplidas, meta tras meta, fue construyendo lo que deseó. Fue cosa de suerte, dirán algunos; pero Napoleón Bonaparte, se preparó y superó muchos obstáculos que parecían infranqueables desde muy pequeño. Que le pase a alguien, algo que pueda cambiar su vida una vez o dos veces es una cosa; pero que cada cosa que le pase sea aprovechada para enfilar con todo sus esfuerzos para dirigir el rumbo hacia su deseo, eso no es suerte desde mi punto de vista.

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Aquél joven nacido en la isla de Córcega, en un hogar de modestos recursos. A los 35 años fue coronado emperador de Francia. He encontrado la corona de Francia en el arrollo y la he cogido, dijo.

Las conquistas de Napoleón se extendieron junto a su imperio por toda Europa, gobernando a más de 70 millones de personas. No había existido un hombre con tanto poder desde los tiempos de los césares. Él cambió al mundo, y se basó para ello en sus orígenes, en su entorno y en sus aptitudes.

Cuando en cualquier parte del mundo hablamos de un sombrero con su mano metida en la camisa todos sabrán que hablamos de Napoleón. Ambicioso, le encantaba el poder. Decía que amaba tanto al poder como el músico ama su música. Era lo que conocemos hoy como una ambición desnuda por el poder.

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Hasta en el amor, Bonaparte fue agudo. Cuando pasó a ser un hombre notable, en esos tiempos conoció a su Josefina. Una noble que había enviudado, con dos hijos y que se abría camino en la gran ciudad. Famosa por ser muy refinada y de grandes encantos. Era la amante de Paul Barras, el hombre con mayor poder político de la época. Josefina era sin duda una mujer de gran influencia en la sociedad francesa. Bonaparte vio en ella una puerta al poder. Estaba enamorado de la mujer que le serviría para alcanzar sus sueños, los contactos que ella poseía eran de los mejores.

No se trata de hacer lo que sea para obtener la meta, significa que tu visión navega más lejos y con más entusiasmo porque estás alimentado por una cosa llamada ambición. Eso te permite alcanzar lo que otros no se atreven a soñar siquiera.