Solo una casta de líderes cree que se puede hasta el final.

Eran las 7 de la tarde del 18 de junio de 1815, desde un risco en Haie Sainte, el gran emperador Napoleón Bonaparte, observaba lo que sucedía. Era una situación muy difícil, pero él siempre había sorteado los peores obstáculos y siempre había salido airoso, ¿Sería esta vez distinto?

Músicos que sumaban los 150, encabezaban el ataque conformado por un tercio de la guardia imperial del líder invicto, mientras tocaban himnos de triunfo, había que cargar de ánimo a los soldados, Wellington esperaba enfrente y sabía que el terreno les era favorable, la dureza del terreno le daba ventaja a su artillería. Ante el ataque, franceses caían por doquier y mientras caía la oscuridad, más caía el ánimo de los soldados del ejército francés, se podía escuchar en el campo ¡La Garde recule! aquel fue el último y desesperado contrataque en Waterloo, Bonaparte había conocido la derrota.

napoleon bonaparte

Apenas 24 horas después de aquel adverso desenlace en Waterloo, escribió a José, su hermano que no todo estaba perdido. El emperador pensaba reagrupar sus fuerzas e ir a la carga nuevamente, reclutaría más hombres con los que aplastaría al enemigo.

Así de recio era Napoleone di Buonaparte, además estaba engrandecido por sus logros, sus victorias militares y su habilidad para aprovechar cualquier oportunidad por minúscula que esta pareciera le precedían donde quiera que fuera. Había sido desestimado por muchos a lo largo de su vida; pero siempre supo sobreponerse con astucia. Desde muy niño tuvo que aprender a luchar con cosas como ser un corso, ser pequeño, poco agraciado físicamente, de piel pálida y de aspecto débil; pero su capacidad para sobreponerse era algo que nadie podía cuestionar, tal vez tantas cosas en contra, le hicieron convertirse en un hombre de hierro. Tal vez en realidad creía en lo que decía y por eso se convencía a si mismo de que era posible y por eso podía transmitirlo a otros, con el entusiasmo y las palabras adecuadas, ese era Napoleón.

muerte de napoleon

Las cosas ya no eran como lo eran antes, su imperio colapsaba, cosacos, españoles, ingleses, eran muchos flancos que enfrentar, ante la situación y tiempo después de su última gran batalla abdicó oficialmente y fue exiliado a la Isla de Elba, lo impensable era una realidad, el gran emperador estaba finalmente derrotado militar y políticamente. Santa Elena fue su última morada, 6 años estuvo allí hasta su muerte.

Los principios y sus pensamientos no se quedaron en aquel imperio y en medio de los campos de las batallas que libró, un legado mucho más importante se impuso a su la gloria que en vida tuvo. Esas ideas, hoy forman parte del modelo que existe hoy en Europa y más allá de sus fronteras, en el ámbito militar su estrategia sigue siendo estudiada y aplicada por la indudable sagacidad con las que la manejaba, en vida fue un gran admirador de Julio César, el emperador romano, de quien aprendió muchas de sus formas para librar el combate entre grandes ejércitos.