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Este es el acta oficial del doctor Guillard, el médico de la expedición francesa encargada de repatriar los restos de Napoleón. El documento se refiere a lo observado durante la exhumación del cadáver en Santa Elena el 15 de octubre de 1940, la cual fue realizada en presencia de una delegación francesa y otra británica. Acta del cirujano mayor de la fragata BellePoule.
« El infrascrito Guillard Remi-Julien), doctor en medicina, cirujano mayor de la fragata BellePoule, habiéndome trasladado en la noche del 14 al 15 de octubre de 1840, a instancia del señor conde de Rohan-Chabot, comisario del Rey, al valle del sepulcro, isla de Santa Helena, para asistir al desentierro de los restos del emperador Napoleón, he formado de ello la presente acta: « Ninguna precaución sanitaria se ha tomado durante la primera faena, por no haber salido exhalación alguna mefítica de las tierras que se sacaban ni de la hoya que se abría. «Abierta esta, he bajado á ella, en cuyo fondo estaba el féretro del emperador sobre una gran baldosa, colocada esta en largueros de piedra. Las tablas de caoba que lo componían conservaban aun el color y la dureza, excepto las del fondo, guarnecidas de terciopelo, que ofrecían alguna alteración en su haz. No se veía enderredor cuerpo alguno sólido ni líquido. Por lo tocante á las paredes de la hoya, no presentaban el mas leve menoscabo, pero sí de trecho en trecho algunas señales de humedad. «Habiéndome encargado el comisario del Rey abrir los féretros, he tenido que sujetarlos primero á algunas disposiciones sanitarias, y luego he procedido á su abertura. La caja exterior estaba cerrada con largos tornillos, y ha sido preciso cortarlos para quitar la tapa; había debajo una caja de plomo, cerrada por todas partes, que contenía otra caja de caoba perfectamente intacta, y por fin seguía otra caja de hoja de lata, cuya tapa estaba soldada sobre los lados vueltos hacia dentro. Se ha cortado con todo tiento la soldadura y quitado la tapa con precaución y entonces he visto un tejido blanquecino que ocultaba el interior del féretro y privaba la vista del cuerpo: era de raso acolchado, y formaba una guarnición en el interior de dicha caja. La he levantado por un extremo, y arrollándolo de los pies á la cabeza, he patentizado el cuerpo de Napoleón, que al instante he reconocido, por estar muy bien conservado y tener su cabeza toda la expresión que le era peculiar.
«Un viso blanco, que parecía salido de la guarnición, cubría cual ligera gasa todo el contenido del féretro: veíase principalmente pegado al cráneo y la frente, que estaban mas agarrados al raso, y un tanto en la parte inferior del rostro, las manos y los dedos de los pies. El cuerpo del Emperador tenia una posición natural, la misma que se le había dado al colocarlo en el ataúd : los miembros superiores estaban tendidos, el antebrazo y la mano izquierda descantando sobre el muslo respectivo, los miembros inferiores un tanto encogidos, la cabeza algo levantada sobre una almohada; el cráneo abultado, y la frente, ancha y combada, se presentaban cubiertos de telillas pajizas duras y muy pegadas, y lo mismo aparecía el contorno de las cuencas, cuyo canto superior estaba poblado de cejas; debajo de los párpados sobresalían los globos oculares, que casi conservaban el volumen y la forma natural y dichos párpados estaban completamente cerrados y adheridos á las partes subyacentes , presentan dosc duros o la presión de los dedos y teniendo todavía algunas pestañas en el cerco libro: los huesos que corresponden á la nariz y los tegumentos que los cubren estaban bien conservados, habiéndose alterado solamente el tubo y las alas: las mejillas estaban hinchadas, notándose que los tegumentos de aquella parte del rostro eran muy blandos y suaves al tacto y de color blanco; los de la barba eran algún tanto azulados, cuyo color tomaban del pelo que parecía haber crecido después de la muerte ; en cuanto á la propia barba, no ofrecía alteración alguna, y aun conservaba el tipo peculiar á la figura de Napoleón; los labios estaban adelgazados y algo separados, viéndose debajo del superior, á la izquierda, tres dientes incisivos de suma blancura ; las manos nada dejaban que desear, pues no tenían la mas leve alteración , y si bien las articulaciones habían perdido el movimiento, la piel había conservado al parecer el color propio tan solo de lo que tiene vida, y los dedos tenían uñas largas, adherentes y muy blancas; las piernas estaban metidas dentro de las botas, pero habiéndose roto los hilos, quedaban al descubierto los cuatro últimos dedos de cada pié, cuya piel era de color blanco apagado y patentes las uñas la región anterior del estómago estaba muy sumida en su parte media, y las ternillas del vientre duras y hundidas; los miembros habían conservado al parecer su forma natural debajo de los vestidos , y habiendo apretado el brazo izquierdo, lo ballé duro y menguado en volumen. En cuanto á los vestidos, presentábanse con los colores que les eran propios, reconociéndose perfectamente el uniforme de cazadores de á caballo de la antigua guardia en la casaca de color verde oscuro y en las vueltas de grana; sobre el chaleco se veía abultado el gran cordón de la Legión de Honor, y los calzones blancos estaban cubiertos en parte por el sombrerillo que estaba sobre los muslos; las charreteras, la placa y las dos condecoraciones del pecho habían perdido su brillo, y estaban denigradas, conservando tan solo la brillantez la corona de oro de la cruz de oficial de la Legión de Honor. Entre las piernas había unos vasos de plata, y uno de ellos que estaba entre las rodillas, coronado de una águila, lo hallé intacto y cerrado; mas como mediaban adherencias bastante recias entre estos vasos y las partes inmediatas que los cubrían algún tanto, el señor comisario del Rey no ha creído deber tocarlos de donde estaban para examinarlos de mas cerca.
«Estos son los únicos pormenores relativamente á los restos mortales del emperador Napoleón que me haya permitido registrar un escrutinio que solo ha durado dos minutos; mas, aunque incompletos, son suficientes para comprobar un estado de conservación mas perfecto que no tenia fundamento para esperar, atendidas las circunstancias conocidas de la autopsia y del encierro. No es este el sitio de examinar las muchísimas causas que pueden haberse opuesto hasta tal punto á la descomposición de los tejidos -, pero no hay duda en que la extremada solidez de la obra del sepulcro y el esmero con que fabricaron y soldaron los féretros metálicos, han contribuido poderosamente á producir aquel resultado. De todos modos he conceptuado del caso el evitar que estos restos estuviesen en contacto con el aire, y convencido de que el mejor medio de asegurar su conservación era preservarlos de su cebo destructor, he accedido gustoso á la propuesta del señor comisario del Rey que instaba se volviesen á cerrar los féretros. «He vuelto á colocar como estaba el raso acolchado, después de haberlo bañado levemente con un conservativo; he mandado cerrar herméticamente las cajas de madera, y soldar con sumo esmero las de metal. Hoy día los restos del emperador Napoleón están dentro de seis ataúdes, á saber: «I.° Uno de hoja delata;—2.° uno de caoba;—5." uno de plomo; —4." otro de plomo, separado del anterior con serrín y cuñas de madera;—5." uno de ébano; 6." uno de roble para resguardar al de ébano.
«Fecho en la isla de Santa Helena, a 15 del mes de octubre de I840. Remi Guillard, doctor en medicina. «El comisario del rey, «Ph. de Rohan Chabot.»
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