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Los inicios del orden Mixto |
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Escrito por Angel Garcia Arteaga
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Lunes, 12 de Octubre de 2009 10:06 |
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Como ya se ha apuntado en el articulo anterior a este, donde introducíamos el concepto del lórde mixte, los manuales de guerra de la época (los del Ancíen Régime) acosenjaban una combinación de tácticas en fila y de columna, según preferencias que se presentaran en cada batalla, geografía del terreno o características del adversario.
Vamos a definir más concretamente como se entablaba el combate con esta táctica. La norma dictaba e invitaba a los oficiales a empuja a sus líneas a efectuar descargas desde filas con profundidad de tres en fondo sumándole el ataque de columnas en la aproximación final. Pero en la práctica la coordinación no estaba al corriente en los incipientes ejércitos republicanos. La falta de instrucción del cuerpo armado, machacaba toda la sutileza de esta táctica., sobrepasando las capacidades de entrenamiento y experiencia. Los movimientos para pasar de columna a fila de soldados listos para disparar eran cundo menos, forzadamente complicados., lo mismo que las ordenes de avanzar o retroceder bajo fuego enemigo manteniendo estas formaciones. Faltaba disciplina y entrenamiento necesarios para realizar ataques efectivos a una distancia de unos 80 metros del enemigo. Lo que no les faltaba en ningún momento a estos ejércitos fue elan y valentía en la acometividad (fiera y bárbara, podría decirse).
Como ejemplo de lo que aquí digo, el maestro D. Chandler nos facilita la lectura del prestigioso militar general Foy donde de una forma idealizada nos relata un enfrentamiento típico del periodo revolucionario:
“Iniciaba la acción una nube de hábiles tiradores, algunos a caballo y notros a pie, que s enviaban al frente para llevar a cabo una misión sin otro objetivo que hostigar al enemigo, escapando a su superioridad numérica mediante su movilidad y librándose de los efectos de sus cañones gracias a su dispersión (importante dato el de salirse fuera de la línea de tiro de la artillería con tanta prontitud). Se les relevaba constantemente para asegurar que el fuego no decayera y también se le apoyaba de diversas maneras para aumentar su efectividad. Un ejército, raramente emplazaba sus flancos en posiciones inexpugnables y, en cualquier caso, toda posición ofrece puntos débiles naturales o provocados que favorecen al atacante. Los tiradores concentraban el fuego en estos puntos y pocas veces les faltaba el elan e inspiración necesarios en tales momentos. Una vez puesto en evidencia el punto débil, se concentraba en él el esfuerzo principal. La artillería a caballo, se acercaba al galope y abría fuego con cartuchos de metralla a corta distancia. Mientras tanto, la fuerza atacante se aproximaba en la dirección indicada, con la infantería avanzando en columna y la caballería en regimientos o escuadrones , preparada para hacer sentir su presencia en un determinado lugar o en todos, según se requiriese. Luego, cuando la lluvia de balas enemigas y la artillería empezaban a aflojar, un oficial, un soldado raso o, en muchos casos, un representante del pueblo entonaría el Himno de la Victoria. El general colocaría su sombrero con su gran escarapela en la punta de su espada para que se viera de lejos y así servir de punto de referencia para los valientes soldados, que empezarían a correr al tiempo que los tambores tocaban a carga. Atronaban en el aire mil gritos de guerra que se repetían: En avant! Vive la République!”
La combinación de hostigadores con las cargas de columnas se compaginaba perfectamente con el carácter de los primeros ejércitos revolucionarios. Se requería poca coordinación por parte de la tropa, se aprovechaba al máximo el ímpetu y el fervor del ciudadano soldado imponiéndose al enemigo mediante la fuerza bruta. A los enemigos que se enfrentaban a este nuevo tipo de soldad, por llamarlo de algún modo, le faltaba inspiración, anclándose en sutilezas y formalismos de las doctrinas de Federico el Grande. Su reacción era atónita e impotente ante las burdas embestidas y ante esta nueva “táctica”, esta nueva forma de combatir. Esto es lo que los especialistas de la época calificaron como “táctica de horda”.
Resumiendo: en líneas y al frente, se colocaban a los soldados de confianza convertidos en una nube de hostigadores (cuyas capacidades habían aprendido del general Lafayete y sus voluntarios franceses en la Guerra de Independencia de los EEUU) mientras que detrás de esta especie de escudo, se dejaban las masas de batallones más dubitativas. Luego, después de que el cañón y los hostigadores hubieran infligido el mayor daño posible y así, crear desconcierto y si todo salía bien, las columnas francesas se lanzaban de lleno a una serie de furiosas embestidas, blandiendo espadas, bayonetas; el resultado era por lo general, la retirada de un enemigo desconcertado.
Esta combinación de nubes de hostigadores con las cargas en columnas se adaptaba perfectamente al temperamento de esos incipientes ejércitos revolucionarios. Con el paso del tiempo, sin embargo, los toscos ejércitos franceses adquirireron experiencia y se hizo factible volver a tácticas mas refinadas que conbinaban el fuego de artillería y el cuerpo a cuerpo en proporciones cuidadosamente dosificadas. Se descubre, que la combinación artillería/hostigadores no era del todo efectiva si hablamos de precisión de disparo, requiriendo así un fuego de mosquetes más intenso. Tal vez, la mejor solución a este problema fuese la adopción de el Orden Mixto.
INFANTERIA Al principio, cada batallón de línea constaba de tres compañías de 330 soldados cada una, pero mas adelante se aumento el numero de compañías a nueve (y al final a seis) de 150 a 200 soldados en cada una. El batallón de infantería de línea de nueve conmpañias constaba de ocho de fusileros y una de granaderos (o de élite). Los batallones de infantería ligera, por otro lado, eran capaces de seguir a la caballería al trote y constaban de seis compañías: cuatro de chasseurs, una de carabiniers junto con la compañía de voltigeurs que se utilizaba para hostigar al enemigo.
CABALLERIA La caballería de la época, por lo general dejaba bastante que desear. Fue el cuerpo que mas sufrió el éxodo de oficiales. No empleaban mucho tiempo y recurso en la formación de un buen jinete de caballería sumándose a la escasez de caballos. Una demi - brigade de caballería, constaba de cuatro escuadrones, cada uno de ellos subdividido en dos compagines de 116 jinetes cada una De modo que una demi-brigade constaba de unos 900 sables, pero en realidad, raramente pasaban de los 200 o 300 durante el periodo republicano. Había tres tipos de caballería: pesada (cuerpo a cuerpo), dragones que podían luchar a caballo o a pie apoyando a la infantería) y ligera (misiones de reconocimiento y persecuciones/cobertura). Sin embrago, cabe destacar: la aparición de grandes figuras como Murat, Lasalle, Grouchy….y no por lo explicado se dejaron de realizar grandes hechos de armas en esta época (en 1794 una división de caballería realizó una carga sobre el hielo para capturar la flota holandés aprovechando que se encontraba inmovilizada.
ARTILLERIA
Fue la que menos padeció la emigración de oficiales. Disponían del mejor armamento de Europa gracias a los avances que proporcionó Gribeauval (y más tarde Carnot) a pesar de que este cuerpo se adolecía también de la escasez de caballos, dependiendo así de la guía de tiro de civiles hasta el 1800. Pero la eficacia en combate, fue excelente. Los cañones se disponían en compagines o baterías de ocho piezas y dentro de la batería, se dividían en parejas. En el periodo revolucionario, aumento el numero de baterías montadas y se añadió l´artillerie volante.
CUERPO DE INGENEIEROS Se dieron ciertas mejoras en las técnicas de asedio y en los trabajos de fortificación bajo el amparo de personajes como Montelambert o Carnot. Los zapadores franceses no fueron menos hábiles construyendo carreteras y puentes. Pero ante el imparable crecimiento del ejército francés solían faltar ingenieros experimentados. Bonaparte, en su campaña Italiana de 1796 se encontró con 2000 zapadores nominales cuando este ejército debería de haber contado por lo menos con 3.300 especialistas. La improvisación pues, estaba a la orden del día: falta de pontones, barcazas, caballos de tiro (como no).
En conjunto, Bonaparte habia heredado una herramienta formidable y la tenia a su entera disposición. Lo que hizo con ella, continuaría nuestra historia de Táctica y estrategia: el orden mixto, Grand Arme.
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Última actualización el Lunes, 04 de Enero de 2010 00:13 |
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